Paso mucho tiempo desde que nuestro querido alce se levanto esa mañana, acompañado de por cierto, pero solitario. Paso el día y su soledad se fue incrementando hasta el momento de ser real, paso por millones de etapas, atravesó ríos, mares y cielos caminando a un destino no muy claro, lo único fijo en su mente era caminar y caminar.
Pasaron las horas y siempre encontraba obstáculos, algunos eran mas grandes que otros, ademas encontró pequeñas ayudas, algunas eran pasajeras, otras se quedaban, pero todas tenían alguna importancia en su día.
Llegando el atardecer, comenzó a buscar alguna ayuda por los alrededores, aveces se alejaba del camino pero siempre volvía a el, siendo este una linea recta de un punto a otro que no sabia por que era ese el punto donde tenia que ir.
Finalmente, llegando el fin del día, en una de sus tantas salidas del camino, al volver miro para atrás, y se dio cuenta de que la ayuda que necesitaba estaba siempre en su espalda, el la tomo y con esto, llego al fin del día, como el quería, acompañado.